martes 15 de abril de 2008

INSTRUCCIONES PARA OLVIDAR.

















Tengo una necesidad. Empiezo esta entrada con un imperativo que, no sé porqué, me ha recordado al I had a dream de Luther King. Tengo una necesidad porque yo, como él, también tuve un sueño. Un sueño trocado en pesadilla, de las serias, de las de monstruos, sensaciones de caida al vacío, muertes y desgracias horribles. De las peores, porque mi sueño me lo han desintegrado, me lo han machacado y deshecho, lo han triturado hasta convertirlo en esquirlas punzantes que diabólicamente han mutado en eso, en una tremenda pesadilla que no termina. Necesito olvidar, y no sé como. Necesito un manual de instrucciones, una guía, un mapa, algo. Necesito olvidar. Debo hacerlo, pero algo en mi interior se resiste; algo en mi me lo impide. Será el deseo de no despertar. Ignoro la razón, pero será.




















viernes 11 de abril de 2008

GRACIAS, GRÀCIES, MERCI, THANK YOU.

Ocurre a veces, pocas. En la negrura más densa, la luz. Una mano tendida, paciencia, serenidad. A veces ocurre que aparece quien nos hace ver los matices, del negro al gris, y hacia el color de la luz. Algo así como "un profesó de coló". Gracias por aliviar mi tristeza, mi enorme dolor, mi pena de hoy.



jueves 10 de abril de 2008

DE LA NECESIDAD DE AMAR Y SER AMADO.

No hace mucho leí la expresión “hambre de cariño”. Me sorprendió que “hambre” casara tan bien con “cariño”, una cuestión física con otra emocional. Reflexionando e imaginando su representación gráfica, la certeza y definición de la frase resultan más que claras. Hambre de cariño sugiere una necesidad, es más, clama por ella, la grita. Lo peculiar del caso es que el cariño no es una tortilla de patatas con que saciar el hambre. Pero sin cariño, se siente el mismo vacío, aunque no sea en el estómago. Y sigue siendo un vacío físico, casi un dolor. No todos nos medimos por el mismo rasero; hay quien tiene un apetito voraz, como una especie de Carpanta del amor. Por el contrario, los hay desganados, pobres de ellos. Pero lo determinante es que en ambos casos, si no se come, se muere.
El paso previo antes de querer al prójimo es que debe uno aprender a quererse a si mismo. Sin embargo, esta realidad tiene un pero: uno debe quererse a si mismo con raciocinio, no en un grado superlativo que pueda devengar en un egoísmo extremo y patológico. Los humanos tenemos unas necesidades vitales ancestrales, de raíz animal. Tenemos frío, calor, hambre, y necesidad de amar, sexo incluido. Quien diga que puede vivir sin ellas, miente como un cosaco.
Lo cierto es que, como en todo, es preciso moverse entre grises; la vida nunca es blanca o negra.

Reflexiones escritas en una libreta pequeña y negra, en un bar, con un servilletero delante que reza: “Cafés La Garza: pasión por compartir”.
Pues eso.

Mis disculpas por la imagen; es borrosa y mala, mala, mala...

lunes 7 de abril de 2008

FELICITACIONES.

Un premio significa un reconocimiento. Me complace presentar aquí un premio, el concedido al equipo de esta empresa como uno de los diez mejores escaparates de Barcelona, el Top10 del escaparatismo 2008.



En sus propias palabras, la descripción del último de sus trabajos:

Col.loquem un gran vinil negre el qual tapa tot el vidre i deixem uns forats situats en llocs estratègics. Una frase sobre el negre del vinil ens tempta: “Hi ha dues maneres de difondre la llum: ser la llàntia que l’emet o l’espill que la reflexa.” Quan algú s’acosta i mira a través dels forats, es troba amb la sorpresa de veure’s dins el cos d’un personatge desconegut. Descobreix el seu altre jo, aquell que tots portem amagat a dins, reflexat a l’espill.

(Colocamos un gran vinilo negro, el cual tapa todo el cristal, y dejamos unos agujeros situados en lugares estratégicos. Una frase sobre el negro del vinilo nos tienta: “Hay dos formas de difundir la luz: siendo la lámpara que lo emite, o el espejo que la refleja”. Cuando alguien se acerca y mira a través de los agujeros, se encuentra con la sorpresa de verse dentro del cuerpo de un personaje desconocido. Descubre su otro yo, aquel que todos llevamos dentro, reflejado en el espejo.)



Felicitats, Marga Puigdomènech i Txell Lázaro. Sou grans!


Il.lustracions: Jordi Jaumandreu
CA2L, Passeig de Sant Joan, 10. Barcelona


domingo 6 de abril de 2008

DE HECHO, TODOS SOMOS MÁS INOCENTES QUE TÚ.

El pasado 20 de febrero, y de una forma bastante accidental, iniciamos un relato a varias manos a partir de una de mis entradas (“Hallazgo Im-presio-nante”). Dado que el relato languideció hasta perder la voz, he ordenado los párrafos, y añadido alguno nuevo, de manera que la historia fuera más o menos coherente. Al final de cada uno, entre paréntesis, el número correspondiente a cada autor, cuyos nombres se detallan al final.
Fue un gran experimento, semi truncado, como la vida misma, pero positivo, muy positivo. Gracias a todos los participantes. Aquí lo tenéis.

De hecho, todos somos más inocentes que tú.

He encendido otro cigarro. Se que te molesta, pero sabes también que es mi vicio preferido, quizá el único de lo que me va quedando de la vida que tu conociste.
Me desconciertan tus reflexiones o quizá soy yo que soy propenso a desconcertarme aunque no reflexione. Haré lo que me digas, no quiero que me guardes rencor, porque bastante rencor tengo con mi propio corazón por lo que he hecho. Ojala tuviera coraje para prometer algo positivo. (1)


Ojala tuviera algo positivo en lo que creer, pero así están las cosas, y ya ni siquiera me esfuerzo en prometerme algo a mi mismo, tal vez cuando acabe todo esto acabe vea las cosas de forma diferente ¿es eso positivo? (2)


Cuando Maria terminó de leer, apuró el cigarrillo en un gesto dramático, como quien aplasta un insecto, aunando aprensión y sadismo en una mezcla propia. Poco quedaba, pues, de la vida que ambos conocieron. Había adoptado ese vicio preferido que tanto le molestaba de Pablo; ahora, era ella quien fumaba.
Solo pensaba: Demasiados ojalá, demasiadas afirmaciones gratuitas. ¿Qué es lo que vería de forma diferente? (3)


Fue hasta la máquina. Recogía las monedas mirando por la ventana. Si él saliera al balcón tal vez la vería tras los reflejos encendiendo el tabaco. ¿Cómo alguien tan cínico podía ser al mismo tiempo tan esquivo? se preguntaba. Demasiado cinismo. ¿Y si esta vez, después de todo, resultara algo diferente...? No. Sólo sería otra promesa intercambiable por una aún mejor. (4)


Tantas promesas le había hecho ya para guardarla a su lado. Promesas olvidadas, perdidas en el montón... Si, si saliera tal vez la vería. Tal vez vería la desesperación en su mirada. Levantó el cuello de su abrigo. Aun no, no se resignaba en dejar sus pasos alejarla de esta ventana. (5)


Bastaba hurgar en el bolso para hallar además de cartas los recuerdos, ahí sobre el labial aquellos besos, y entre las llaves aún su perfume regado por la habitación... Superar los recuerdos. ¿Por qué no baja por cigarrillos? ¿Le diría simplemente: María, bajo por unos cigarrillos, vuelvo en unas horas, tal vez mañana? La tonta. No. Calla. ¿Habrá alguien más allá arriba, le contará sobre la cruel María pero diciendo mi nombre? Sí, somos más inocentes que tú. No puedo hablar, me decía, te dejo la nota donde siempre. Y ahora habla sin decir nada. ¿Serviría de algo si bajaba? Dejó enfriarse otro cortado. (4)


Distraídamente, metió la mano en su bolso, sin buscar, solo palpando sus tesoros. Entre ellos, un bolígrafo de tinta azul, modesto, casi vulgar. Y cogiendo una servilleta, empezó a garabatear. La escritura automática era un hábito en ella. Derramó tinta, literalmente, hasta que, en un gesto rápido, dobló la servilleta, agarró el bolso, y se levantó.
Salió al frío de la calle ya desierta. Sola. Con sus cigarrillos. Se encaminó hacia el coche. Subió, y con Stagnation a todo volumen, rugió con rabia al tiempo que rugía el viejo motor. Conducir alocadamente la relajaba. (3)


Conducía rápido, muy rápido, tentando la suerte de toparse con un control de carretera. Seguía con pericia las curvas, recorridas tantas veces, que casi merecerían llevar nombre propio. - Cincuenta y seis, cincuenta y siete – clamaba en voz alta, casi gritando –¡setenta y dos, setenta y tres!-. Deprisa, chirriando neumáticos hasta llegar a la ciento trece, la última.
A su izquierda, el acantilado caía en picado hacia el mar, calmo en esa hora tardía que antecede a la noche. En su cabeza, resonaban las palabras de él, las últimas que recordaba: Eres vulgar, vulgar y ordinaria como todos. Convencional, tienes hijos, es lo normal…eres ordinaria…ordinaria…ordinaria... (3)


Aquí tiene sus efectos personales, me dice el de la cara cetrina… Todos los policías me parecen iguales; este, de aspecto más siniestro todavía es el que me empuja hacia la puerta con gesto condescendiente, mientras yo aprieto contra mi pecho el bolso destrozado de María. (3)


Ayer, cuando regresé del trabajo, después de una jornada particularmente dura por razones que no vienen al caso, me derrumbé en el sofá y me quedé durante mucho tiempo mirando aquel cuadro del que María se encaprichó en un viaje de vacaciones a Lisboa. Es de las pocas cosas materiales que conservo de aquellos años comunes que compartimos. Me dices que no soy inocente. Lo se, pero no quise ser cruel con mis decisiones. Quizá egoísta, muy egoísta pero eras tu, pensaba entonces, quien me esperaba. Seré incapaz de comenzar algo nuevo. Me queda un trabajo en el que me refugio y el recuerdo de unos ojos en los que descubrí la vida, pero también el vacío del desconsuelo. (1)


(1) Escéptico
(2) Justi Ficant Sales
(3) Emejotace
(4) Orijazz
(5) Nº6




sábado 5 de abril de 2008

MUJER DE CARÁCTER Y MIRADA SALTONA.

Esta mañana, leyendo El País, me ha llamado la atención un titular: “Mujer de carácter y mirada saltona”, en la sección de cultura. El artículo de Maruja Torres era un sentido homenaje a Bette Davis, quien hoy cumpliría 100 años. La mención a esta noticia obedece a que yo misma me he definido así en incontables ocasiones, y aquí me aparto de la genialidad de Bette Davis, obviamente. Solo adapto el título de la crónica, porque yo soy una mujer de carácter, mal que me pese a veces, de mirada saltona, característica que ha sido utilizada en alguna ocasión como un intento de insulto sin frutos. Obviamente, nunca lo he tomado como una afrenta a mi persona, sino más bien como un orgullo y una cualidad física que conforman mi personalidad. Pero además de este hecho, que me apetecía contar, hoy quiero exponer un desconcierto ajeno al artículo de Maruja Torres. Un desconcierto trocado en sorpresa. Hace unos meses, desde junio más o menos, que abrí este blog. Cada cual sabrá de su intención al crear una bitácora. La mía es, principalmente, la de saberme leída. Hay quien necesita un café por la mañana para funcionar; yo necesito la comunicación epistolar como el aire que respiro. Y, dado que ya no se escriben cartas, aplico lo epistolar al mundo virtual, y me quedo tan ancha y satisfecha. Durante más de medio año, he ido investigando el funcionamiento de las “comunidades blog”. Me pierdo. Total y absolutamente. Solamente para leer la ingente cantidad de comentarios que cuelgan de las entradas de algunos blogs, he pasado la mayor parte del ocio que habitualmente destino a la Red. Entonces, no sé como queda tiempo para escribir o crear un post nuevo. Yo carezco de este tiempo, incluso sin tener una vida social de las de no respirar, de esas que te ocupan todos y cada uno de los minutos de los períodos no laborables. Dispongo de un razonable espacio propio en mi vida cotidiana, y ni aun así… Otro curioso efecto de esta nueva forma de comunicación: a quien, tímidamente, se le ocurre entrar al trapo en un post de los de comentarios interminables, sorprende hallar tal complicidad entre los participantes, que los guiños entre ellos terminan por resultar incomprensibles e interminables, enlazando de uno a otro blog, rebotando como una pelota de goma. Opino que en esta Era asfixiada de actividades varias, sin lugar para la pausa, hay que buscarse la vida como sea, y adaptarse a las nuevas tecnologías, y lo comparto. Pero no deja de llamarme la atención… Y me alegro de tener todavía capacidad para la sorpresa, porque la creía perdida.
Buenos días. Dejo esta reflexión inacabada, y voy a perderme entre telas y pintura, para manchar un poco de mi en un lienzo.

lunes 31 de marzo de 2008

PEP, EL PAGÈS (1).


El meu pare tenia un cosí germà que vivia al poble d'on era originària la seva mare, l'àvia que mai vaig conèixer. En Pepprop de vuitanta anys, és baix, eixut, sec com el bacallà, amb clivelles marcadíssimes per les hores passades de sol a sol. El seu és cabell gruixut i blanquíssim, un mont nevat com tallat a navalla. La passió de'n Pep sempre han estat les bèsties i els marrecs, a qui ha brindat les úniques tímides manifestacions de carinyo que li he vist fer. I una discreta però profunda vida interior, senzilla com ell. En Pep em va regalar una llibreta on hi ha anat anotant poemes que escriu en moments de soledat; poemes d'amor, ell, un conco que no ha tingut mai parella coneguda, ell, que no va anar pràcticament a escola, amb una sensibilitat que m'atordeix. Aquest és un d'ells, però n'hi haurà més.


(Mi padre tenia un primo hermano que
vivía en el pueblo de donde era originaria su madre, la abuela que nunca conocí. Pep tiene cerca de ochenta años, es bajo, enjuto, seco como el bacalao, con arrugas marcadísimas por las horas pasadas de sol a sol. Su pelo es grueso y blanquísimo, un monte nevado como esculpido a navaja. Siempre ha sentido pasión por los animales y los niños, a quien ha brindado las únicas tímidas manifestaciones de cariño que le he visto. Y una discreta pero profunda vida interior, sencilla como él.
Pep me regaló una libreta donde ha ido anotando poemas que escribe en momentos de soledad; poemas de amor, él, un solterón a quien no se le ha conocido pareja, él, que no fue prácticamente a la escuela, con una sensibilidad que me aturde. Este es uno de ellos, aunque habrá más.)

Lágrimas.

¡Ay, ojos! Ojos del alma, verdugos sois, de mi calma.
Ojos negros, negros sois. Como dos moras maduras del zarzal de tus pestañas.
Lágrimas quisiera ser, por tu cara resbalando, y así besar tus mejillas, y como perlas después, caer, rodando, a tus pies, o en tu pañuelo guardadas.


Autor: Josep Miralles Olivé

(me disculpo por el batiburrillo de cuerpos tipográficos, pero esto va como el culo, sin perdón. Esto de que solo haya un tamaño "pequeño, mediano, grande", me incomoda y me recuerda a Barrio Sésamo)